
Michael Jackson merece estar en el panteón de músicos injustificadamente adorados, en el que entre otros estarían The Police y, como reina de la música de mierda, en lugar preferente, Madonna. A este olimpo de los mediocres se accede por ser repajoleramente malos en lo que hacen, carecer de originalidad y por tener sin embargo una descomunal cantidad de papanatas adoradores.
No entiendo la genialidad de Michael Jackson. Lo único que parece haber inventado este ser es el paso de baile denominado Moonwalk. Todo lo demás que se le asigna es más bien atribuíble a los que manejaban sus hilos. Él es la cara visible de un producto. No es músico, ni creador, ni genio. Es un cantante y bailarín que se sometió a las corrientes del show bussiness, primero encarnadas en un padre explotador y maltratador y luego en una industria que no entiende de seres humanos. Fue un burro, sin personalidad, enfermo mental, sometido a un ambiente demasiado fuerte para él que terminó triturándolo. Ahora, esa choubisnes que lo creó, lo picó bien picadito, le extrajo los tuétanos y nos los vendió, se dispone a poner de nuevo la máquina a funcionar para volvérnoslo a vender.
Además, MJ fue un delincuente. Su desequilibrio, al que le llevó una vida a la que lo normal le era ajeno, acabó haciendo de él un pederasta, un padre rarísimo (y peligroso), un ser rebosante de complejos, un horroroso negociante y, en definitiva, un ser con una personalidad tan frágil que las desgracias que no se buscaba él mismo se las inducían sus demonios de las discográficas.
Cuando se compró la inocencia en el caso de pederastia (el sistema judicial norteamericano es así; empastó bien a las familias afectadas para que retirasen los cargos, generando un caso de prostitución infantil con pago a trabajo realizado), se fue a un emirato (o sultanato, o reino, o lo que sea) árabe a vivir en un palacio que el emir (o sultán, o rey o lo que sea) ponía a su disposición a condición de que grabase un disco con su hijo. Apareció saludando a su mecenas vestido con un burka, en su línea "freak". Luego fue dando largas a lo del disco con el niño del emir hasta que éste lo demandó. Un tío con palabra, MJ.
Luego, no sé por qué, se acabó arruinando. Después de ser el mayor vendedor de discos de la historia de la música (de mierda), va y pierde todo el dinero. Una burra parda.
Y al final de su vida, va y se compromete a dar 50 conciertos en Londres. En línea con la caradura que gobierna su vida, no se sabe -oficialmente- por qué no daba conciertos ya, ni por qué se consideraba improbable que cumpla su compromiso. Tampoco sé por qué los medios no dijeron que era una persona degradada por una vida de excesos continuos, de desequilibrio mental, y de consumo de productos químicos para cambiar su aspecto y para vencer el dolor (¿físico? ¿mental? ¿ambos? quién sabe)…
Esto de los conciertos de Londres era un último esfuerzo, un movimiento a la desesperada para pagar las deudas monstruosas que este demente había adquirido quién sabe cómo (porque tampoco se dice claramente). Claro que, al palmarla, ha dejado con el pantalón bajado a los organizadores de esta tanda de conciertos. Y un tremendo cristo en eBay, que a ver ahora quién arregla lo de todas esas entradas revendidas a precios cósmicos.
Total que, según he leído por ahí, estaba preparándose para los conciertos de Londres cuando le dio un ataque al corazón. Su corazón no pudo con el esfuerzo… ni con la empanada de pastillas que se hincó antes de darse un chute.
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martes 30 de junio de 2009
échale la culpa al bugui
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martes 13 de noviembre de 2007
melendi lerendi
Pues arresulta de que la lunvrera del melendi cagondiola izo un canijués en un biage a mexico y sin respecto ni na el pilotoss no güerbe al ropuelto? Pero no problemo polque el melendi disse al yegá no pazaná que tengo guita y pagoyó. Con un par.
Yes kiba pa un bolo organizao por la esgae, ques la que mejón ripresenta los idiales rebolusionarios deste glan ploombre del planetass musicá. Tes un revelde quetecagass; yaun diría más: es un revelde güei (que pa algo iva pa mexico).
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