sábado, 27 de diciembre de 2008

Navidades


Estamos en plenas navidades. Ya hemos pasado los días que definen la parte religiosa de estas fiestas, se acerca el día hedonista del carpe diem y con el pi pirirí pi pi de la bota empinar parabá pa pa. Luego, llegará el día del consumismo idiota.
Yo no vivo la parte religiosa porque soy ateo, pero cada vez me gusta más la proximidad con la familia, ver a mi hermano, a mis padres e incluso a mis primos. Odio profundamente la parte hedonista, porque no la disfruto: ya no bebo ni me drogo, ni me gusta salir por las calles a locales nocturnos llenos de humo y del vapor de los cuerpos sudorosos vasodilatados por el alcohol. Odio estar en sitios donde la gente te empuja, donde no se puede respirar, huele mal, no hay manera de hablar ni escuchar y donde para mear hay que vadear un mar de pis después de despegar los pies de una trampa de coca cola pegajosa. Y odio la música ratonera comercialota que ponen en todos lados (quizá os sorprenda, pero a mí la música que me gusta es el ska y el punk más desbocado). Odio también la obligación de pasárselo bien del día de Fin de Año; es una presión tal que suele terminar defraudando.
Pero lo que más me agota es el día del consumismo (aquí, en España, los regalos se hacen tradicionalmente el día 6, que es el día de Reyes, aunque cada vez más gente regala el 25). Compramos por comprar; hay que gastarse un presupuesto determinado y es lo mismo que haga falta o no: hay que comprar por ese valor. Este año, cuando me preguntaron qué quería, me di cuenta de que no quería nada. Tengo todo lo que necesito y quiero. Me permito muchos caprichos, que están ahí y me entretienen, pero que tampoco valoro tantísimo. ¿Por qué tengo que inventarme una lista de cosas para que me regalen?
Yo lo que quiero no se vende en las tiendas: quiero 20 años menos en mi cuerpo. Quiero querer más a mi familia. Quiero levantarme todos los días ilusionado por lo que me va a pasar. Quiero ser feliz. Y eso no lo hay en El Corte Inglés (lugar que odio particularmente); no os dejéis engañar.

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